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15-S: MADRID SE INUNDA CON LAS MAREAS






Habíamos decidido mi hermana y yo --Laviñas como somos-- que íbamos a formar nuestra propia marea. Teníamos el corazón tan dividido, que no podíamos darle a una sola, nuestra presencia y compañía. Así, dispuestas con atuendos en los que predominaban el blanco, el violeta, el negro y el naranja, callejeamos elucubrando sobre la cantidad de gente que iría a la manifestación, hasta que no nos dio tiempo a más... La marea negra y la marea verde nos engulleron... Los servidores públicos (funcionariado) y las personas que se dedican a la Enseñanza nos balancearon hacia un lateral de la Castellana que, en esta ocasión se había convertido en la Extremeña, la Aragonesa, la Andaluza, la Asturiana...

Nos deslizamos entre Bomberos, Policías, SAMUR, Sindicatos... y nos dimos cuenta que en este mar de Solidaridad, salvo grupos excepcionales, las personas que nos rodeaban pasaban de los 30, de los 40 y, no cabe duda, que de los 50... Echamos de menos a más jóvenes aunque no faltaban y se hacían oir...

Al llegar a Colón, con el calor tan sofocante del trayecto, nos topamos con el primer "recorte": las fuentes estaban valladas, no se nos fuera a ocurrir meter las manos o los pies para refrescarnos en las plazas públicas, o sea, las de toda la ciudadanía. Menos mal que, prevenidas, íbamos pertrechadas con botellas de agua congelada y abanicos, que suponían un respiro entre la multitud que se agolpaba.

Ya en la plaza de Colón, todas las mareas se juntaron inundando de solidaridad a Madrid, que había dado, con carteles, la bienvenida a todos los españoles y españolas que venían con mucho esfuerzo de todas las Comunidades Autónomas.

Formaron las distintas mareas un mar de esperanza multicolor, en el que nuestras protestas elevaban el tono, para llegar con ellas a la isla, rodeada de policías, en la que se habían encerrado los gobernantes a los que precisamente gritábamos ¡Dimisión!

El calor meteorológico se unía al calor de nuestros corazones y de nuestra rabia, por los engaños, por las mentiras, por los recortes, por los insultos... pero no repetimos su conducta. No les dijimos ¡que os jodan!. Demostramos ser un pueblo pacífico, educado, razonador y responsable que quiere seguir viviendo en su España, en un Estado de Bienestar. El mismo que se ha cargado el Gobierno en apenas 9 meses. Lo que dura un embarazo llevado a término. En este caso "malparido".

Con canciones protesta como en los 60, con voces que recordaban a Quilapayún... esta manifestación del 15-S ha sido más como un darse cuenta de que "no estoy a solas con mis críticas" que una agresión --siquiera verbal-- al gobierno que nos está quitando el dinero, la salud, la educación, la vida... La indignación estaba escrita. Se reflejaba en los carteles y los lemas...

Una mezcla de mareas, nos llevó en oleadas calmadas, arrastradas, hacia una salida donde poder fumar un cigarro, beber un refresco y acoplar nuestros pies bajo una mesa a la sombra. Todo nuestro cuerpo nos lo agradeció y pensamos satisfechas en la felicidad que da "el deber cumplido".


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La "Obligación" de hacer Voluntariado



Ya se que es una contradicción hablar de Voluntariado y relacionarlo con la palabra "obligación", ya que éste es un movimiento que tiene que surgir de la persona de forma espontánea y altruista, pero los tiempos de crisis que no corren, sino que discurren, obligan a que una parte de la población sea tremendamente generosa con esa otra parte que lo está pasando mal.

Hace años, cuando refleja la fotografía, el Voluntariado podía dedicarse a las personas más pobres, desfavorecidas, marginadas y excluidas de la sociedad, pero hoy día esa "bolsa" de personas a aumentado exponencialmente, y los servicios sociales no lo han hecho, por lo menos no, en ciertas Comunidades Autónomas entre las que se encuentra Madrid. De ahí, que a las organizaciones No Gubernamentales no les quede otra que destinar más recursos humanos,y de todo tipo, a la ayuda de quienes están sufriendo.

Ha pasado el Día Internacional del Voluntariado, y llega la época navideña en la que, me imagino, que como siempre se sucederán los telemaratones caritativos, en los que a cambio de donaciones muchas empresas consiguen una publicidad que les costaría el triple si tuvieran que pagarla. Es como lo de "siente un pobre a su mesa esta navidad"...

La justicia social y la solidaridad no tiene nada que ver con eso. Las empresas están "obligadas" a ejercer su responsabilidad social corporativa todo el año. Las personas, los seres humanos no nos podemos permitir ser "humanos" sólo unos días al año. Los cantantes, periodistas y demás, que escluyen de sus canciones, de sus conciertos, de sus noticias, esa pobreza fea que no quieren ver... no ejercen la protesta... En defintiva, se ponen tiritas para tapar aperaciones a corazón abierto... y eso no puede dar resultado.

Vaya por delante mi reconocimiento a las ONG y a esos millones de personas voluntarias que ejercen todo el año la Solidaridad con quienes menos tienen en esta sociedad, a la que seguimos llamando "del bienestar".
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Vicente Ferrer: Ha muerto un pedazo de hombre, ha muerto un trocito de cielo



Si cuando Diógenes se paseaba por el ágora durante el día, con un candil encendido, en busca de un HOMBRE, hubiera vivido Vicente Ferrer, la búsqueda del griego habría terminado.
Tuve la oportunidad de conocer a Vicente Ferrer en un Congreso de Voluntariado que se celebró en Tenerife hace muchos años, y tuve la suerte de que me sentaran a su mesa a la hora de la cena. No sé como podría describiros lo que ese hombre desprendía. Lo más aproximado es PAZ. Paz con mayúsculas, paz con minúsculas, "pacita"... Es como si le envolviera una nube, un aura, un espacio invisible y contagioso de tranquilidad y felicidad, de estar en paz consigo mismo y con el mundo...
Prácticamente no cenamos quienes nos sentamos a su mesa porque preferimos alimentarnos de las pocas palabras que conseguíamos sacarle, de sus experiencias en la India, donde muchas mujeres le deben no sólo la vida, sino la subsistencia, la educación, la emancipación...
Su humildad, su voz leve como el humo de una pira funeraria que asciende al cielo, sus ojos, como si vieran más allá de la piel de las personas, de los muros de los edificios... Todo en él decía que era un ser especial para el que todos y cada uno de los seres humanos también éramos especiales.
Se volcó y se vació en la India. Ahora le hemos perdido todos. Y todos y todas deberíamos llorar porque un pedazo de hombre solidario, altruista, pacífico y bueno nos ha dejado. El mundo no debería ser igual cuando muere una gran persona. No es justo.